La súper generación de la transición

(Nota: el orden no altera el producto. Gracias).

-Voy a votar por Frei

¡Ah, ya! o sea que te gusta la DC, los que van para donde calienta el sol, los traicioneros, los que se dieron vuelta la chaqueta. ¿Qué es un Demócrata Cristiano? Defínemelo. No son nada ni nadie, son inconsecuentes y alaban al candidato por indultar a un matón.

-Voy a votar por Piñera

O sea, te gustan los momios, el capitalismo, la privatización de todo. Con tu voto apoyas a los que se hicieron los tontos alguna vez, no eres del pueblo: estás con los ricos. Explotadora de obreros, quieres ser empresaria, de seguro.

-Voy a votar por Marco Enríquez

¡Buh! O sea que te gustan los payasos, esos que un día filman películas y al otro día después de unos tragos se les ocurre llegar al poder. Que renuncian a su partido, que son bipolares, que hablan de igualdad arriba de un BMW y veranean en Cancún.

-Voy a votar por Jorge Arrate

¡Shu! O sea que te gustan los rojos, los comunachos, los idealistas que después de tirar piedras en la calle se les ocurre ser mandamás del país. Puras utopías, puro descontento: que la Derecha y la Concertación son basura, que la Iglesia es odiosa y una infinidad de resentimeintos.

En consecuencia: siempre afirma que votarás nulo.

Escrito por Verónica Reyes Serra @ martes, julio 07, 2009 | 4 comentarios

¿Cómo que pobrecito el flaite?

Hoy día tuve que salir arrancando del cajero automático antes de ser una más en la cifra de víctimas por culpa de los flaites.

Flaite: entiéndase ladrón, asaltante, mechero o lanza, que usa dialectos populares y en coa (lenguaje carcelero), que por lo general usa zapatillas Nike modelo shox o multi shox que, junto con ser la moda entre sus pares, les facilita su fuga luego de cometer el acto ilícito.

Convengamos que este tipo de delincuentes no son como Alex DeLarge, inspiración más bien para ciertos grupos punkies. Ahora bien, los punkies no son delincuentes, pero durante los años 80 muchos de ellos infundían sus jugarretas en los actos realizados por el protagonista de La Naranja Mecánica (una de mis películas preferidas, por cierto). Vivan los Sex Pistols, que no se me olvide.

El Flaite, proviene del suburbio, de la pobla marginal en donde es más fácil comprar pasta base que un kilo de pan. Si usted usa zapatillas Nike Shox, le pido que me disculpe, pero dicha prenda en los pies de estos entes resulta bastante característica.

En la Naranja Mecánica, Stanley Kubrick se preocupó con pinzas de transformar de victimario a víctima a Alex. El tratamiento Ludovico al cual se le sometió lo transformó en un ser incapaz de defenderse cuando posteriormente era sometido a los mismos actos vejatorios que él le realizaba a sus víctimas.

Esta misma dinámica, considero, es la que ocupan algunos programas de tv cuando realizan reportajes o mini documentales de la vida en las cárceles. Que pobre delincuente, miren como vive, miren a las adversidades a las que ha sido sometido. Cuando era ese mismo pobrecito, hace un tiempo, el que pateaba o ponía un cuchillo a sus víctimas en las costillas para robarle miserables cien pesos o el celular que se compró con el sudor de su frente.

El delincuente siempre sale en libertad antes de cumplir su condena porque es más astuto que todos nosotros. Va a la psicóloga y participa en cuanto taller hay en la cárcel con tal de sumar puntos por buena conducta. El resultado: lo sueltan antes y la semana siguiente, reincide.

Hoy en tv, una mechera decía: robo desde niña y me gusta. Voy al barrio alto... hasta un plasma me he robado... y me gusta lo que hago. La entrevistaban porque, en un par de horas más, obtendría su tan ansiada libertad. Además, fumaba y estaba embarazada. Decía que su marido la vendría a buscar con un buen pito y una cerveza bien helada.

Creo que en este tema no se trata de pagar con la misma moneda, pero me da rabia victimizar al delincuente que días antes de estar en prisión se sentía con todo el derecho de acorralarte y quitarte tus cosas, sin pudor en tajearte con un cuchillo o agarrarte a patadas como si fueses de espuma.

Robar parece que es un hábito que nada tiene que ver con la falta de oportunidades. Sino, pregúntenle a los delincuentes de cuello y corbata que, movidos por la ambición, practican exactamente lo mismo con un poco (sólo un poco) más de sutileza.

Escrito por Verónica Reyes Serra @ jueves, mayo 21, 2009 | 10 comentarios

Espanto: la mejor cura

Difícil saber quién tiene la culpa. Si los medios, el sistema, el morbo o qué se yo. El punto es que como Periodista, me cuesta abstraerme de las noticias y de cómo éstas son presentadas a la audiencia.

Hay pandemia. Me lo dice el diario, la televisión, la radio, los portales y la gente con la cual converso. La crisis económica y la cesantía también están. Y la gente que muere en África y no sé cuántas cosas más. Es la realidad, que en los medios es plasmada con terror y sin la objetividad que para algunos existe, para otros no.

Eso de la gripe porcina, la listeriosis, las espinillas y el pie plano, como a muchos de ustedes, me resultan temas de contingencia. Sin embargo, lo que sí me da rabia, y más rabia aún porque fui víctima, fue lo de la colusión de las farmacias.

Dos cuadras a la derecha de mi casa tengo una Farmacia Ahumada. Dos cuadras a la izquierda, tengo una farmacia llamada “Sana”, que es alternativa y no coludida. La mayoría de las veces compro en esta última, pero la semana pasada me vi obligada a ir a Fasa, pese a mi negativa.

Muchos medicamentos en la farmacia alternativa están al mismo precio que en las otras y otros tantos están mucho más baratos. Sin embargo, el remedio que me fue recetado para el tratamiento de mi tobillo, sólo lo fabrica un laboratorio y no es de uso frecuente. Resultado: tuve que encaminarme sí o sí a la Farmacia Ahumada.

-Dependiente: señorita ¿qué necesita?
-VeRo: tengo que comprar este medicamento, le dije mientras le pasaba la receta médica.
-Dependiente: está de suerte, mire que justo está con descuento.
-VeRo: ¿cuál sería el precio?
-Dependiente: $25.599 (veinticinco mil quinientos noventa y nueve pesos).

Menos mal que estaba con descuento. Mejor ni pensar cuánto costaba antes. Más encima, llevo algunos días tomando el medicamento y todavía no me hace efecto. Mañana mismo voy donde una machi.

Escrito por Verónica Reyes Serra @ jueves, abril 30, 2009 | 6 comentarios

De por qué la fama es realmente sucia

Si su hijo, amigo o hermano le dice que quiere pegar en la radio para ganar su primer millón, o lo hincha con que lo lleve a probar suerte a las inferiores de algún equipo o, en el peor de los casos, le comenta que quiere dedicarse a la política o presentarse a un programa tipo reality show, sea bueno y adviértale.

Como abundan los jóvenes que aspiran a ser famosos, pensaba hoy que ellos no se detienen a analizar las desventajas que les puede producir el conseguir dicha meta.

Me pregunto ¿comerá tranquilo un famoso (o famosillo) o un político en un restauran?

Imagínense la cocina del supuesto local:

-Mesero: ¡Estoy atendiendo la mesa del diputado XX!
-Chef, ayudantes de cocina y otros meseros: ¡Jajajaja! ¡Revolvámosle la comida con el dedo!

Hace años coincidí en una conversación con una persona que trabajó durante un verano de barman en un hotel de la ciudad de Viña del Mar. Narró que un famosísimo actor fue al bar a tomar un ron. El día anterior había pedido lo mismo y dejado escasa propina.

Entonces, el plan de quien relató la anécdota y sus compañeros fue el siguiente: escupir cada uno el vaso en el cual le servirían el trago al actor. Cuando éste llegó, como si nada, le sirvieron el roncola lleno de escupos.

El nombre del actor me lo reservaré. Es que los famosos aman buscarse en Google...

Este tipo de cosas supongo que corre también para futbolistas, cantantes, escritores, líderes mundiales, etc. Atroz.

También pensaba en aquellos entes conocidos que reciben besos de sus fans. Si hilamos fino, podemos concluir que a través de la saliva fácilmente podrían contraer herpes o mononucleosis.

En síntesis, para estar sano y comer bien, confórmese con ser famoso en su cuadra. Con eso basta y sobra.

Escrito por Verónica Reyes Serra @ viernes, marzo 06, 2009 | 15 comentarios

El tiempo en las bastillas (sí, en las bastillas)

Recuerdo que tres meses antes de cumplir 5 años, me sofocaron con una corbata y me enfundaron en un jumper. Era mi primer día de clases y a mí ni me preguntaron si quería ir. ¿La colación? Una manzana y un Soprole de vainilla.

Bueno, el punto es que después de tantos años es primera vez que se me aparece marzo y no tengo que comprar cuadernos, ni ir a matricularme, ni inscribir asignaturas y eso me transforma automáticamente en alguien ya egresada ¡Yupi! En julio del 2008, específicamente, dejé de asistir a las aulas.

En el mundo laboral las cervezas de litro mutan a tragos tropicales dos por uno. Mis Converse quedan relegadas hasta los viernes, sábados y domingos. Tengo un tobillo malo y los tacos se han transformado en una soportable tortura. La fuerza de la costumbre, dicen.

En 40 años más jubilaré, ahora que lo pienso. Eso transforma la etapa escolar y universitaria en una sopaipilla aceitosa que me comí en dos mordiscos. En la universidad a veces todo importaba un rábano. Acá la vida es un poco más en serio. Pero un poco, no más.

Como no había llevado cuchara para el yogurt, la tía me prestó una. Después empezamos a cantar que la cuncuna amarilla debajo de un hongo vivía y todo eso. A la ronda no jugué, porque como siempre me reía me iba al cuartel. ¡Ah! Y Hablando de los lácteos de Soprole, confieso que todavía estoy esperando que me salga la parte final en una tapa para canjear el requetepatitas.

Escrito por Verónica Reyes Serra @ miércoles, febrero 25, 2009 | 8 comentarios