domingo, 28 de mayo de 2017

La vergüenza en los años Kodak

En algo fue más fácil ser hijo en los años Kodak: la foto de la vergüenza desaparecía misteriosamente del álbum brillante y pegajoso. La evidencia de ese secuestro sólo quedaba al descubierto cuando una madre o padre buscaba ese registro gráfico para mostrarlo a las visitas. Los de hoy no se salvan: los padres están a un clic y ahí queda, a disposición del cibermundo, la foto de la vergüenza.


Siempre hubo una foto de la vergüenza: la del primer baño, la del primer día de clases, la del disfraz, la de los ojos rojos. Una semana esperando que Kodak o Fotos Lola te entregara el sobre con los negativos para encontrar fotografías con ojos rojos o cabezas cortadas.

Las fotos naif, las de la vergüenza, las de Fiestas Patrias, las de fin de año. Todas estaban ahí, en el álbum brillante y pegajoso que nadie sabe quién compró, pero que almacena -hasta el día de hoy en mi casa al menos- esos papelitos con momentos estampados y que hoy están en peligro de extinción.

Y la foto de la vergüenza también corre peligro de esfumarse, porque hoy te capturas 10 veces hasta verte bello y decente, no pierdes dinero y cuentas con Apps y Photoshop para borrar las espinillas.

Al menos podemos decir que los que vivimos nuestra infancia en los 80 y 90 tuvimos la posibilidad de inspeccionar la casa, encontrar el álbum y cortar en pedacitos a la foto de la vergüenza, o esconderla bajo un colchón, o potenciar la combustión lenta en invierno.

Nota: aquí no cuenta para nada la foto del carnet de identidad, esa es un mundo a parte, es única, no tiene remedio y será la gran foto de la vergüenza for ever.

Pero los de hoy no tienen escapatoria y cada día que pasa empatizo más con ellos. En mi Facebook e Instagram hay mamás y papás que suben fotos del hijo recién salido del útero, del hijo sucio, del hijo limpio, del hijo disfrazado, del hijo con pataletas, del hijo durmiendo, del hijo despertando, del hijo pololeando, del hijo en traje de baño, del hijo en la tina, del hijo con el perro, del hijo en júpiter, del hijo en marte y del hijo en la playa.

Convengamos que antiguamente los padres mostraban la foto de la vergüenza a un círculo de confianza (tía, abuela), pero hoy en día en redes sociales muchos tienen de "amigo" hasta el gato del vecino. Atroz.

En los 80-90: Un hijo borraba evidencias.
Hoy: Nadie puede luchar con un padre-madre con smartphone.

Por eso me quedo con la vida en modo rewind. Y lo mejor es que las fotos de la vergüenza, aún presentes en mi casa, a estas alturas me gustan.

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